Sistema circulatorio y nervioso en las invertidas
- Alejandro Godinez Sandi
- 10 mar
- 2 min de lectura
Actualizado: 4 jun

Cuando elevamos las piernas por encima del corazón, la gravedad favorece el retorno venoso desde las extremidades inferiores hacia el centro del cuerpo. Esta es una de las razones por las que posturas como Viparita Karani, piernas en la pared, se sienten tan restaurativas para muchas personas.
En las invertidas totales, como Sirsasana o parada de manos, la situación es más intensa. La presión y la distribución de fluidos cambian más rápidamente. El cuerpo necesita adaptarse. Por eso estas posturas no deben abordarse como un simple reto físico. Deben practicarse progresivamente, con buena preparación, respiración estable y atención a señales internas.
La circulación no es solo sangre moviéndose. También está relacionada con presión, respiración, sistema nervioso y tono muscular. Si una persona entra en una invertida con tensión excesiva, conteniendo la respiración, apretando la mandíbula o colapsando el cuello, el efecto no será el mismo que si entra con una base estable, respiración suave y organización corporal clara.
Una invertida bien hecha no se mide solamente por cuánto tiempo se sostiene. Se mide por la calidad de la respiración, la claridad de la base y la capacidad de salir con control.
Las invertidas pueden tener efectos muy interesantes en el sistema nervioso. Por un lado, pueden activar el sistema porque requieren atención, fuerza, equilibrio y orientación espacial.
Por otro lado, cuando se practican con respiración profunda y estabilidad, pueden llevar a una sensación de calma y regulación.
Aquí hay una diferencia importante. Una invertida hecha desde la lucha, el miedo o la tensión puede activar demasiado el sistema simpático. El corazón puede acelerarse, la respiración puede volverse superficial y el cuerpo puede entrar en modo de supervivencia. Esto no es necesariamente malo si se trabaja con cuidado, pero no es el objetivo final de la práctica.
Una invertida bien hecha permite que el sistema nervioso encuentre estabilidad dentro del desafío. El cuerpo está haciendo algo intenso, pero la respiración sigue presente. La mente está enfocada, pero no está en pánico. Hay esfuerzo, pero no hay colapso.
Este es uno de los regalos más profundos del asana: aprender a regularnos dentro de la intensidad.
Por eso muchas veces después de una práctica que incluye invertidas o semi invertidas bien organizadas, Savasana se siente más profundo. El sistema ha sido estimulado, orientado, retado y luego guiado hacia el descanso. El cuerpo puede soltar porque antes fue llevado a un estado de atención encarnada.
Comentarios